Las modernas sociedades occidentales han pasado largos siglos volviendo la espalda a distintos tipos de conocimiento originados en el oriente. Las filosofías orientales, las medicinas alternativas, las prácticas físicas milenarias (comúnmente denominadas artes marciales), las antiguas técnicas de relajación y meditación, sin embargo, irrumpieron en la vida cotidiana occidental a lo largo del siglo XX. Si bien eran conocidas con anterioridad en nuestro hemisferio y practicadas por iniciados que las estudiaban en el oriente o con profesores provenientes de esa mitad del mundo, el público masivo sólo tuvo acceso a ellas durante el siglo que pasó. Y, después de siglos de mostrar desinterés por todo aquel conocimiento que proviniese de oriente, el público occidental se interesó vivamente en ellas. El súbito interés que el público occidental mostró por estas prácticas orientales puede ser entendido por una poderosa razón: la complejización de las sociedades modernas hizo que aumentaran las presiones (laborales, físicas, emocionales) a las que los individuos se ven sometidos en la vida cotidiana. Pero este aumento de tensión en la vida cotidiana de las personas no fue acompañado en occidente por el desarrollo de técnicas y prácticas físicas que ayudaran a la relajación y, por consiguiente, a la mejor calidad de vida de las personas. Así, las modernas sociedades occidentales se vieron obligadas a buscar en el oriente (y en sus conocimientos milenarios) las prácticas para mejorar la calidad de vida de los individuos. El Tai Chies una de las prácticas físicas provenientes de oriente